Hoy haría un año con mi ex.
Si hubiéramos definido lo nuestro, si no me hubiera dejado... hoy sería nuestro aniversario, supongo.
Y tranquilos, que este no es un texto sobre echarle de menos, ni mucho menos un discurso depresivo sobre cómo me rompió el corazón el mismísimo demonio.
Hace meses, por suerte, que sané todo eso. Que cerré las heridas que ella abrió, solté los “y si...” a los que me aferraba y pasé página del todo.
Hace meses que puedo afirmar, convencida, que verla no me genera nada más que la más absoluta indiferencia.
Pero tuve la genial idea de dar el paso y lanzarme al vacío —o al amor— el día del orgullo, así que supongo que es inevitable recordarlo todo hoy. Y pensar en cómo han cambiado las cosas desde entonces. En cómo ha cambiado mi vida, en cómo he cambiado yo.
He trabajado muchísimo en el último año para mejorar. He aprendido mucho sobre los patrones que he estado repitiendo desde pequeña. Sobre cómo he tenido esta tendencia a engancharme a gente que no me quiere bien. A gente con “problemas”, a quienes yo tenía que salvar de sí mismos.
Sobre cómo estas relaciones no hacían más que minar mi ya pobre autoestima, porque me ponía en un lugar en el que mi valía iba unida a lo que yo daba.
Y en ese lugar, dejar de dar era impensable. Porque implicaba perder mi propio valor. Aunque diese más de lo que podía, vaciándome por completo.
He aprendido mucho. Y en ese proceso, estoy empezando a quererme. Aunque me cueste.
He empezado a luchar contra esa vocecita que me dice que no valgo, que soy una carga, que si no soy útil para los demás, se irán. Que si no me entrego con todo, se cansarán y me abandonarán.
Ahora la sustituye otra vocecita, más amable, que con cariño me recuerda: «El amor no es eso, Raquel. La amistad no es eso.»
Hace un año estaba convencida de que había encontrado al amor de mi vida. Y ahora sé que el amor de mi vida tengo que ser yo.
Y eso no significa que me haya resignado a estar sola en el mundo, que haya asumido que nadie va a poder quererme. Para nada. Sé que merezco que me quieran.
Lo que significa es que no volveré a estar dispuesta a saltar delante de un coche en marcha para salvar a alguien que no haría lo mismo por mí.
Que no voy a sacrificar mi salud mental, mi paz mental, por gente que solo piensa en sí misma.
Que no pienso volver a verme atrapada en un vínculo en el que la ansiedad y el miedo a la pérdida lo dominen todo.
Que no volveré a desdibujar quién soy para amoldarme a las expectativas que otros han puesto sobre mí.
Que nunca más seré un saco de boxeo emocional. No volveré a permitir que me hieran, que sean crueles conmigo, y que luego hagan como si nada.
Y quien quiera estar en mi vida, quien quiera ser algo mío — mi amiga, mi novia, lo que sea... — tendrá que quererme a mí:
Valiente, cariñosa, alocada, tierna, intensa, un poco desastre, y jodidamente imperfecta.
Simplemente yo.
Añadir comentario
Comentarios